Para mi el tema de la maternidad siempre ha sido un temazo, y pese a que hoy soy mamá de un hermoso varoncito ya de dos años, lo sigue siendo aun. Es un tema que me nace del vientre y llega al alma, cada vez que sé de alguna persona que va ser papá o mamá, ya sea conocido o desconocido. Es tan grande la transformación que los humanos vivimos al momento de ser padres que nunca más en nuestro más recóndito ser volvemos a ser los mismos de antes. Y esto es así por que es el milagro de la vida. Digo milagro de la vida, por que nos permite dar la oportunidad de ser mejores personas con los otros y con uno mismo; de volcar todo ese amor infinito e incondicional hacia nuestro hijo; de perdonar un millón de veces con tal de recibir sólo una sonrisa de parte de él; de poder permanecer noches enteras al lado de él para vigilar su sueño; de obtener pedagogías completas en todas las ramas de las ciencias para mostrarle y enseñarle el mundo; de maravillarnos por cada paso que da en la vida; y llorar junto a él por cada caída que ha tenido; por emocionarnos hasta la medula cada vez que sus ojos descubren algo nuevo; y de ser duros sin perder la dulzura cuando se trata de aplicar alguna lección de vida; de renunciar hasta de comer, con tal que nuestro hijo pueda probar un plato de comida; de maravillarnos hasta el éxtasis de tanta perfección; de tomar conciencia absoluta y plena de la gran decisión de ser padres; de la conciencia absoluta y plena del maravilloso regalo que Dios nos esta dando: un hijo; un hijo que no es algo por que sí, ni mera casualidad. Es un maravilloso ser que elije a sus padres, elije a sus abuelos, hermanos, tíos, primos y amigos. Los elije por que está confiado y seguro que son esos papas los que le darán el amor incondicional ante cualquier eventualidad para salir adelante en la vida. Por que son esos papás los que le enseñarán el amor a y de Dios, el amor al prójimo y el amor a sí mismo; por que son esos padres los que le mostrarán la misericordia y la compasión por el mundo; por que son esos papás los que les enseñarán la diferencia del bien y del mal; por que somos nosotros, tus papás, los que necesitas tú, hijo, y no otros. Y por eso, te amo.
Dedicado a Maximiliano y a Martin.
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